oso polar

Las amenazas más modernas las constituyen la acumulación de contaminantes en el hielo y atmósfera árticos, y el calentamiento que está afectando su ecosistema.1​ Según estudios canadienses, el hielo de las zonas habitadas por estos animales se está derritiendo hasta tres semanas antes que en la década de 1970, obligando al oso a retirarse a tierra firme sin haber completado sus reservas de grasa, que pierden durante el verano y el otoño en forma tan crítica que afecta la capacidad de las hembras para quedar preñadas y minan su capacidad de producir leche para alimentar a sus crías. Esto ha provocado una caída del 15 % en la tasa de nacimientos.